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EL FUTSAL, LA ESCUELA SILENCIOSA QUE AYUDÓ A FORMAR A VARIAS GENERACIONES DE LA SELECCIÓN ARGENTINA
Detrás de algunos de los rasgos más característicos de los referentes del fútbol argentino hay una historia que pocas veces se cuenta: la de una etapa de formación en canchas de 40x20, donde el tiempo para decidir es mínimo y cada jugada ayuda a moldear la técnica, la velocidad para pensar y la lectura del juego
25 de julio de 2026 a las 1:02 p. m.

La Selección Argentina volvió a disputar una final del mundo. Aunque esta vez el desenlace fue distinto al de Qatar, el equipo de Lionel Scaloni volvió a demostrar por qué se mantiene entre las grandes potencias del fútbol. Pero también dejó una pregunta que rara vez aparece: ¿dónde empieza realmente la formación de los futbolistas que terminan llegando a ese nivel?. Cuando se analiza el recorrido de esta generación, suelen aparecer los mismos conceptos: identidad, carácter, competitividad y una calidad técnica que le permite jugar de igual a igual contra cualquiera. Sin embargo, hay una parte de esa historia que pocas veces ocupa el centro de la escena. Mucho antes de Ezeiza. Antes de las inferiores de Boca, River o Argentinos Juniors. Incluso antes de los grandes estadios y del fútbol profesional, varios de los futbolistas que marcaron distintas generaciones de la Selección Argentina compartieron un mismo punto de partida: una cancha de 40x20. El futsal —y el baby fútbol, puerta de entrada para miles de chicos en clubes de barrio— fue mucho más que una etapa de formación. Para muchos terminó siendo la primera escuela donde aprendieron a interpretar el juego. No fue un caso aislado ni una coincidencia generacional. No existe una fórmula para fabricar futbolistas. Tampoco todos los jugadores de la Selección siguieron el mismo camino. Sin embargo, al revisar las trayectorias de muchos de los grandes nombres del fútbol argentino aparece un patrón común. Club Parque fue el mayor exponente de ese fenómeno. Bajo la mirada de Ramón Maddoni, el club se convirtió en uno de los semilleros más importantes del fútbol argentino. Por sus canchas pasaron Juan Román Riquelme, Carlos Tevez, Esteban Cambiasso, Fernando Gago, Leandro Paredes, Alexis Mac Allister y muchos otros futbolistas que más tarde llegarían a la Primera División y a la Selección Argentina. Allí, Maddoni construyó una filosofía de trabajo que privilegiaba la técnica, la toma de decisiones y la inteligencia para resolver en espacios reducidos por encima del resultado inmediato. No era una fábrica de futbolistas. Era una escuela. Y esa idea terminó trascendiendo las paredes de la institución.

Pero Parque no fue un caso aislado. En distintos barrios de Buenos Aires, otros clubes también encontraron en el baby y el futsal una forma de potenciar el desarrollo de futbolistas: Brisas del Sur fue el lugar donde comenzaron Leandro Paredes y Gonzalo Montiel; en La Recova, de Villa Lynch, dio sus primeros pasos Enzo Fernández. Historias diferentes que vuelven a encontrarse en un mismo origen: el espacio reducido como primer escenario de aprendizaje. Cambian los barrios. Cambian las camisetas. La escuela, muchas veces, es la misma. Reducir el futsal a una disciplina distinta del fútbol sería quedarse con una parte muy pequeña de la historia. Para miles de chicos argentinos representa el primer contacto con la competencia, con un entrenador y con una pelota que exige ser protagonista en cada jugada. En una cancha de dimensiones reducidas no hay demasiado tiempo para pensar. El espacio obliga a resolver rápido, a jugar perfilado, a controlar orientado y a encontrar soluciones cuando el rival está a pocos centímetros. Son herramientas que después aparecen de manera natural en el fútbol de once. No porque un futbolista juegue igual que en el futsal, sino porque muchas de esos recursos fueron incorporadas durante los años de formación. Quizás por eso resulta difícil mirar la historia reciente de la Selección sin encontrar esas huellas: la pausa de Riquelme en espacios reducidos; la capacidad de Tevez para proteger la pelota rodeado de rivales; la limpieza técnica del “Cuchu” Cambiasso; la salida clara de Gago desde el fondo; la tranquilidad de Paredes para recibir bajo presión; la lectura del juego de Alexis Mac Allister; la intensidad de Montiel; o la velocidad mental de Enzo Fernández. Cada uno construyó una carrera diferente y encontró su propio camino hacia la Selección. Lo curioso es que, mucho antes del fútbol profesional, varios compartieron una misma forma de aprender el juego. Las grandes conquistas de la Selección suelen explicarse desde los entrenadores, los sistemas tácticos o las figuras que levantan las copas. Es lógico, son quienes aparecen bajo los reflectores. Pero detrás de cada pase entre líneas, de cada control orientado y de cada decisión tomada en una fracción de segundo, también hay procesos de formación que comenzaron lejos de las cámaras. En una cancha de 40x20, en un club de barrio y con un entrenador que enseñaba mucho más que a ganar un partido. El futsal no explica por sí solo la historia del fútbol argentino; sería injusto decirlo. Pero tampoco puede quedar al margen cuando se habla del desarrollo de varias generaciones de futbolistas que terminaron vistiendo la camiseta de la Selección. Porque mucho antes de los Mundiales, de las Copas América y de las noches inolvidables con la Albiceleste, hubo un lugar donde muchos aprendieron lo más importante: pensar el juego antes de que la pelota llegara a sus pies.
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Fuente: .PrimerPalo.

